El estrés se presenta como uno de los principales desafíos para estudiantes y familias argentinas

El estrés se presenta como uno de los principales desafíos para estudiantes y familias argentinas

Antes que la inteligencia artificial, la economía o el rendimiento escolar, el principal desafío que enfrentan hoy los jóvenes argentinos parece ser otro: el estrés. Así lo revela «Reflejos de una generación», un estudio de Santillana que, junto con la investigación «Radiografía de la familia argentina: nuevo contrato con la escuela», advierte que el bienestar socioemocional se convirtió en uno de los ejes centrales de la experiencia educativa.

La salud mental, la presión académica y el cansancio emocional se consolidan como algunos de los principales desafíos de las nuevas generaciones, según los dos relevamientos fueron presentados por Santillana junto con la Confederación Interamericana de Educación Católica (CIEC).

Entre los números que arroja el sondeo se destacan que el 35,9% de los encuestados presenta niveles medios de estrés. El 19,8% registra niveles altos y el 44,3% declara niveles bajos. Según el informe, los principales factores que incrementan el estrés son el rendimiento académico (+42%); la inquietud por la imagen física (+33%) y la preocupación por la salud mental (+11%).

El estudio «Reflejos de una generación» se realizó sobre una muestra de 28.845 estudiantes, mediante un cuestionario de 41 preguntas, e incluyó a jóvenes de dos grupos etarios: Generación Alfa (63%) y Generación Z (37%). La distribución por género fue de 50,6% mujeres y 47,5% hombres.

El segundo relevamiento, «Radiografía de la familia argentina: nuevo contrato con la escuela», alcanzó a 10.800 familias, que respondieron 40 preguntas organizadas en cinco ejes: ocio, vínculo con los hijos, escuela, inteligencia artificial y emociones, con especial foco en el bienestar y el estrés.

En el análisis de Mariano Ortiz, gerente de Investigación y Desarrollo de la editorial, los informes ofrecen una radiografía del estado emocional de estudiantes y familias argentinas. Uno de los hallazgos más relevantes del informe es que el optimismo de los jóvenes respecto del futuro convive con un importante desgaste emocional.

El estrés relevado no afecta únicamente a los estudiantes. La investigación concluye que «la mitad de las familias argentinas reportan niveles altos o muy altos de estrés, la frecuencia más alta de todo Latinoamérica».

Para Ortiz, este escenario muestra que padres e hijos enfrentan simultáneamente fuertes presiones emocionales. Según explicó, «este escenario configura una realidad donde padres e hijos enfrentan simultáneamente presiones emocionales que impactan en la convivencia, el aprendizaje y el bienestar cotidiano. Es importante abordar lo emocional de manera integral».

El informe sostiene que esa coincidencia convierte al bienestar emocional en un desafío compartido para toda la comunidad educativa. Una de las principales conclusiones de la investigación es que la escuela enfrenta hoy un cambio de paradigma.

El documento afirma que «el mayor reto es humanista/emocional», una definición que resume la transformación de las preocupaciones de los estudiantes, hoy menos centradas exclusivamente en el rendimiento académico que en la gestión de sus emociones y su bienestar.

En esa línea, sostiene que el sistema educativo necesita fortalecer el bienestar emocional, promover relaciones saludables, generar espacios de escucha y acompañar a jóvenes que, pese a mirar el futuro con optimismo, necesitan herramientas para gestionar el estrés y las crecientes exigencias del contexto actual.

La conclusión del estudio sintetiza este cambio de enfoque: «La principal enseñanza de ambos estudios es clara: en la Argentina actual, educar ya no implica solamente enseñar contenidos. Implica también acompañar emocionalmente a estudiantes y familias para construir comunidades educativas más saludables, resilientes y preparadas para los desafíos del presente», concluyó Ortiz.

Según el estudio, el 80,4% de los jóvenes se declara optimista respecto de su futuro, mientras que el 89,1% considera la posibilidad de iniciar una carrera profesional. Las principales motivaciones para estudiar siguen siendo el crecimiento personal y profesional y la posibilidad de mejorar el propio proyecto de vida.

La investigación define este fenómeno como una «visión esperanzadora» y sostiene que «los jóvenes son conscientes de la importancia de su futuro profesional y personal, pero saben que ese futuro, proyectado desde el optimismo, es preciso abordarlo desde la adolescencia».

Sin embargo, ese optimismo no elimina las tensiones cotidianas. Los autores advierten que «los datos revelan una realidad tan desafiante como esperanzadora. Los jóvenes argentinos creen en su futuro, valoran la educación y mantienen altas expectativas de desarrollo personal y profesional. Sin embargo, esa mirada optimista convive con niveles crecientes de estrés, cansancio y preocupación por la salud mental».

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