Juventud del conurbano: entre la resignación y la esperanza en un contexto polarizado
Un trabajo de varias universidades bonaerenses destaca que los jóvenes suelen destacar la imposibilidad de hacer algo mientras “el pueblo” continúe tolerando con pasividad las medidas de ajuste.

Los y las jóvenes del conurbano bonaerense se debaten entre la resignación a un escenario económico y social desfavorable y una esperanza pasiva que parece más bien una expresión de deseos volcada en una promesa que no termina de cumplirse -ni da muestras de cumplimiento efectivo en el horizonte-, sin que logren identificar una expresión colectiva que los haga sentirse convocados.
Este reflejo parcial pero crítico forma parte de un extenso trabajo conjunto de varias universidades bonaerenses como la UNSAM, la UNDAV, la UNLaM, la UNTREF y la UNAHUR publicado como el tercer volumen de un libro titulado ¿EN QUÉ CONURBANO QUEREMOS VIVIR? Obra colectiva de las universidades del conurbano.
El texto «Las actitudes de la juventud del Conurbano frente al gobierno de Javier Milei: entre una esperanza sin entusiasmo y una crítica resignada, en el marco de un generalizado individualismo» reúne las opiniones de jóvenes de 21 a 26 años, con predominio en quienes están realizando estudios terciarios o universitarios, cuyas expresiones dan cuenta además de un escenario de polarización política, independientemente del sentido que le den a esta como práctica desde lo personal o colectivo.
Este estudio forma parte de un extenso trabajo conjunto de varias universidades bonaerenses publicado en el libro ¿EN QUÉ CONURBANO QUEREMOS VIVIR? Obra colectiva de las universidades del conurbano.
Más allá de sus posicionamientos políticos, «en la mayoría de los jóvenes entrevistados encontramos una
fuerte internalización de la precariedad y la necesidad de adaptarse a un “capitalismo flexible” que desdibuja proyectos vitales a largo plazo y que configura, en personalidades cada vez más individualizadas y desarticuladas, fenómenos que podrían ser claves para comprender la relativa falta de una reacción masiva ante las políticas de ajuste», señalan los autores, Javier Balsa y Francisco Sciutto, ambos de la Universidad Nacional de Quilmes.
El texto recoge, de un lado, que casi todos los jóvenes entrevistados que votaron por Milei en el balotaje de 2023 continúan “dándole tiempo”, tratando de mantener sus niveles de “esperanza” (aunque no se sienten fuertemente esperanzados) y, si bien no manifiestan una adhesión ideológica fuerte, tampoco le demandan políticas puntuales que los beneficien, sino un esquema general de estabilidad económica. Del otro lado, quienes votaron a Sergio Massa en el balotaje, si bien son todos críticos del gobierno, sus posiciones políticas no constituyen un plano central de sus identidades.
«Por el contrario, salvo un par de militantes, sus narrativas personales se centran en cuestiones muy vinculadas a preocupaciones por logros individuales, de muy corto plazo y desvinculados de las cuestiones nacionales. Al mismo tiempo, prima la tristeza y la resignación», combinados con la sensación de que “la gente no está reaccionando”.
Entre votantes de Milei, el trabajo destaca haber hallado en general «expresiones de cauta esperanza, muchas veces presentada más como una expresión de deseo que como convencimiento verdadero que se revela en la expresión “quiero tener esperanza”. A su vez, los votantes de Massa critican la «gestión económica y el ajuste a las universidades«.
En particular, el ajuste aplicado sobre la educación universitaria fue gestando un descontento entre gran parte de la juventud (en especial la que asiste al nivel educativo superior) que generó escenarios de protestas masivas. Sin embargo, este creciente disgusto de los jóvenes con las medidas del gobierno no logra manifestarse en propuestas de oposición potentes y de largo plazo. Incluso las protestas universitarias fueron bajando en su intensidad, mientras que el gobierno no ha modificado su postura.

Resulta notorio, dice el estudio, «que no hayan surgido mayores expresiones de protesta de parte de la juventud, cuando es el sector más afectado por el estado actual del empleo en la Argentina: es el segmento etario con mayor informalidad laboral (un 58% de los hombres menores de 30 años, y un 60% en el caso de las mujeres). Al tiempo que casi la mitad de los desocupados tienen menos de 30 años, según datos del cuarto trimestre de 2024″.
A la vez se indica que existe «un deterioro de la potencia de la noción de comunidad, que afecta incluso a sectores que se autoperciben solidarios, y este parece ser un fenómeno muy extendido. Independientemente de sus posiciones ideológicas o políticas, se observa que los jóvenes están atravesados por un fuerte individualismo que podría obedecer, como plantea Alejandro Grimson, a un cambio cultural que se fue gestando lentamente al nivel de las subjetividades».
Se trata de un sentido común de época que «los abruma» y los hace aspirar a la posibilidad de resistir a «una ola de individualismo e indiferencia respecto a los demás». Este proceso cultural global (que responde a cambios tecnológicos, económicos, laborales, etc.) favorece el surgimiento de personalidades narcisistas que Grimson denomina como “neoindividualistas”, caracterizadas «por una fuerte centralidad del individuo en sus propios intereses y vivencias personales, a menudo en detrimento de la construcción colectiva y la visión de un futuro compartido a nivel social y político», exponen.
El trabajo destaca que a lo largo del primer año de gestión libertaria, el apoyo de los jóvenes fue perdiendo algo de empuje, aunque continúa siendo elevado. Según la consultora Tendencias, en febrero de 2025, las evaluaciones positivas o regular-positivas del gobierno nacional sumaban el 73% entre los varones de 16 a 24 años, y el 60% entre los de 25 a 34 años. En cambio, estos porcentajes entre las mujeres de esos dos grupos etarios eran del 43% y del 41%, respectivamente.
Los jóvenes entrevistados suelen destacar la imposibilidad de hacer algo mientras “el pueblo” continúe tolerando con pasividad las medidas de ajuste. Aparece, también, la idea de que no queda otra más que esperar a que lleguen las próximas elecciones y el oficialismo no logre reelegir.

El texto «arriesga» la idea de que la falta de acciones de protesta generalizadas contra el gobierno de Milei, «a pesar de sus altos niveles de ajuste y la recesión económica generada», se debería a la combinación de diversos factores: «Casi todos los jóvenes entrevistados que lo votaron en 2023 continúan “dándole tiempo”, tratando de mantener sus niveles de “esperanza” (aunque no se sienten fuertemente esperanzados) y, al mismo tiempo, si bien no manifiestan una adhesión ideológica fuerte, tampoco le demandan políticas puntuales que los beneficien, sino un esquema general de estabilidad económica».
En contraposición, los votantes de Massa en el balotaje, si bien son críticos, sostienen narrativas personales que se centran en cuestiones muy vinculadas a preocupaciones por logros individuales, de muy corto plazo y desvinculados de las cuestiones nacionales», con excepción de quienes militan activamente en política.
Al mismo tiempo, prima la tristeza y la resignación, combinados con la sensación de que “la gente no está reaccionando”. Un denominador común a las personas de cualquier signo político es «una profunda resignación, tanto en el plano de las expectativas personales como en la capacidad de articular una oposición política transformadora. En un contexto de innegable deterioro socioeconómico que los afecta directamente, sobre todo en el ámbito laboral, la modestia de sus aspiraciones y la falta de una visión colectiva de futuro contrastan con la histórica potencia movilizadora de la juventud argentina» sumada a la necesidad de adaptarse a un “capitalismo flexible”.
