Indio Solari: un fenómeno popular y bonaerense

Indio Solari: un fenómeno popular y bonaerense

Desde el surgimiento de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, en la ciudad de La Plata, capital de la Provincia de Buenos Aires, en los 80, al tránsito de la hipermasividad nunca antes registrada por otro artista popular, el Indio Solari se convirtió en un referente cultural, social y político de un colectivo que mostró su mayor arraigo en las clases populares de la periferia urbana.

El fenómeno fue formándose, poco a poco, por la mística de la banda, el carisma de su líder -fallecido el 5 de junio último-, la calidad de sus canciones y lo poderosamente enigmático de sus letras. Fueron muchos años de un recorrido, quizá no elegido, pero transitado a pasos firmes, como lo fueron registrando a lo largo de estas décadas numerosísimas columnas periodísticas, libros biográficos y artículos académicos de toda naturaleza, algunos de los cuales traemos a colación en estas líneas.

A partir de los noventa se fue acuñando el término «rock chabón», para definir a una expresión cultural y artística aglutinante de una tribu característica del conurbano, popular, callejera, afecta a la ritualización de todo evento que los contenga en una condición de pertenencia, un fenómeno que se enmarca en lo que Pablo Alabarces describe como la «futbolización del rock» y que tuvo su mayor visibilización a partir de la tragedia de Cromañón en diciembre de 2004.

«Uno de los ejemplos más claros e impactantes que habitó el rock chabón en los últimos años fue la masificación y consolidación del público en los recitales del ex líder de Patricio Rey, Carlos Alberto Indio Solari, en los años que correspondieron desde su presentación con su banda solista Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado en el año 2004, hasta su última presentación en los escenarios en el año 2017″, señala Fabrizio Maza en “Bandas que llevo en el alma” Repasando identidades en el rock nacional, un artículo presentado en las XI Jornadas de Sociología de la UNLP: Sociologías de las emergencias en un mundo incierto.

Si bien no se puede atribuir a Los Redondos ser referentes directos de ese «rock chabón» conurbano, sin duda se trató de un fenómeno que puede considerarse heredero de la banda. «Mientras tanto, en el Gran Buenos Aires, seguían asentándose las bandas que emergían desde fines de los 90’, pero que comenzaban a gestar su masividad por estos años. De aquí se consolidan grupos como La 25, Los Gardelitos, Callejeros, Jóvenes Pordioseros, Guasones, Flema, entre otras. Estas comenzaban su trayectoria presentándose en lugares como clubes de barrio, o centros culturales, ya que era conveniente por los bajos costos y el nivel de organización, algo importante para las bandas que surgían con poco sustento económico y sin el respaldo de una compañía», apunta el artículo de Maza.

Aquí se mencionan las bandas que lograron trascendencia, pero el impacto se repitió en todos los barrios, cómo se refleja muy bien en la miniserie Cromañón (Netflix, 2024). En cada bar y cada club aparecía una banda con ínfulas ricoteras, con letras sobre el barrio y la búsqueda de un sonido persistente. En muchas de ellas, la incorporación del saxo en la formación era casi obvia.

Pero el punto máximo de la convocatoria ricotera llegaría un tiempo después de la separación de la banda, ya con el Indio en carrera solista. Primero con dos fechas debut con formación propia en el Estadio Único de La Plata, en 2005; hasta llegar al primer registro récord en el año 2011 en el marco de la gira presentación del disco El perfume de la Tempestad, en el Autódromo Eusebio Marcilla de Junín, «donde según informes, tocó para unas cien mil personas. Esto con el correr de los años fue creciendo, hasta que sus últimas presentaciones fueron las de mayor alcance a nivel público, registrando cifras de doscientos mil a trescientos mil espectadores», apunta Maza.

En un estudio similar, el doctor en ciencias sociales del Conicet, Nicolás Aliano, expone que analistas «han destacado el lugar central que Los Redondos han tenido en la tradición del rock nacional, una banda que tiene sus orígenes en las vanguardias estéticas de las clases medias urbanas, que en la década del noventa se torna masiva, incorporando un público proveniente de sectores populares de las periferias urbanas; fenómeno que asume dimensiones inéditas en las décadas posteriores, bajo la figura de Solari como solista».

En ese sentido, apunta, «un encadenamiento de vivencias se anudan ligando los momentos «rituales» del recital (el momento «cultural») con las dimensiones cotidianas de la escucha, habilitadas por la reproductibilidad técnica y la ubicuidad de situaciones de escuchas que ella permite».

Según refieren crónicas de la banda, “En 1995 comienza la marcha de las bandas ricoteras por el país. Además de Mar del Plata, Rosario y Santa Fe copan Tandil, Villa María y SanCarlos, un pueblo de Santa Fe con población de diez mil visitada por otros diez mil fans redondos. En diciembre de 1996, Pedro Spina, intendente de Arroyo Seco (Santa Fe) negó autorización para los shows. En agosto del 97 Helios Eseverri, su par de Olavarría, prohibió su actuación por «los reiterados episodios de violencia y desorden»: había 12 mil entradas vendidas”, se relata en ¿Ciudad o pueblo? Imaginarios sociales y otredades nómades en una ciudad media, de la investigadora Silvia Boggi.

Boggi cita una entrevista al diario Clarín el 25 de junio de 1999, donde el Indio definió a quienes asisten a sus recitales como “chicos de barrios desangelados, que no saben de discotecas paramodelos y estrellas de rock, ni de autos locos ni de navidades artificiales. Pibitas embarazadas que lloran su dolor en una esquina… chicos bombardeados, sin padres ni hermanos, con la esperanza arrodillada a los pies de la recaudación de un taxi». No es casual que en los registros de la disuelta Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (Dipba) se encontraban expedientes sobre las actividades de Los Redondos y de sus seguidores.

El punto cúlmine de la «Misa» ricotera fue en el último recital de la ciudad de Olavarría, de 2017, donde la cantidad de asistentes dobló (y más) al número de habitantes de la localidad. Fue a partir del show previo en Tandil y el rechazo posterior de algunos referentes locales de que se vuelvan a hacer recitales de tal nivel de masividad, que «sectores dirigenciales de algunos centros urbanos comenzaron a ofrecer instalaciones y la infraestructura necesaria para la realización del multitudinario recital en sus localidades y a intentar gestionarlo con representantes de la productora del show».

Se trató de ciudades bonaerenses de rango intermedio que emprendieron la disputa para lograr convertirse en espacios de despliegue de la llamada “misa ricotera”: Pehuajó, Junín (con la experiencia del concierto del Indio en 2011), Moreno, Azul y Olavarría, que finalmente resultó ser la elegida.

Los Redondos, como base fundante, y luego el Indio como cosechador neto y merecido de esa siembra, lograron convertirse en una referencia cultural para los jóvenes que sienten el conurbano como un ámbito de pertenencia más allá de la cuestión domiciliaria. “Nos sorprendimos de ver la proyección nacional que tuvo la banda y cómo se convirtió en una referencia musical para un público diferente, de jóvenes del conurbano bonaerense, de clase media baja, clase trabajadora”, contó en una entrevista con la Agencia Paco Urondo el historiador y escritor platense Sergio Pujol.

Pero no solo eso, estos artistas, dice Pujol, “crearon un puente entre los universitarios y la juventud del Gran Buenos Aires”. “Lo curioso es que un músico popular de algún modo se haya hecho cargo de eso sin y, un punto central, sin modificar radicalmente su propuesta artística. Sí cambió el perfil y la composición de su público”.

Para el historiador, el contexto fue clave: “Lo que nos ayuda a entender ese trasvasamiento son dos cosas. En primer lugar, el contexto político y social de fines de los 80, el último tramo del gobierno de Raúl Alfonsín con la hiperinflación y lo que fue el menemismo, un momento con orfandad de liderazgos políticos populares”, apuntó.

La ritualidad que congregó a sus millones de fans, representadas en las «misas» que convocaban más allá de lo meramente musical y artístico, no tuvo mayor manifestación de claridad y evidencia durante el fin de semana que siguió a su muerte, con las multitudinarias despedidas en Plaza de Mayo, el Obelisco, y el saludo final en Villa Domínico con velatorio en el Microestadio Gatica. El destino dejó claro que la negativa del gobierno nacional, más allá de posibles prejuicios, hizo que el homenaje fuera en territorio conurbano. Como tenía que ser.

Los artículos citados en esta nota:

“Bandas que llevo en el alma” Repasando identidades en el rock nacional. Fabrizio Maza, FaHCE-UNLP. https://sedici.unlp.edu.ar/handle/10915/171013

Dinámicas de individuación en fans de un cantante popular. Nicolás Aliano
https://www.scielo.org.ar/pdf/ava/n28/n28a08.pdf

¿Ciudad o pueblo? Imaginarios sociales y otredades nómades en una ciudad media. Silvia Boggi
https://seer.ufrgs.br/index.php/iluminuras/article/view/79124/45960

Sergio Pujol: “Los Redondos crearon un puente entre los universitarios y la juventud del Gran Buenos Aires”
https://agenciapacourondo.com.ar/cultura/sergio-pujol-los-redondos-crearon-un-puente-entre-los-universitarios-y-la-juventud-del-gran

Fotos: Redes Indio Solari Oficial y artículo de Silvia Boggi

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