José Orbaiceta llevó el espíritu del cooperativismo al PJ de Lobería y ganó
Su padre era socialista y su madre radical, sin embargo él “salíó peronista” y, fundamentalmente, un aguerrido militante de la organización cooperativa que resalta el poder de la organización horizontal.

José Orbaiceta es una figura reconocida en el ámbito del cooperativismo, donde militó y creó las organizaciones más importantes del sector. Fue presidente de la Federación de Cooperativas de Trabajo de la República Argentina (FECOOTRA) y secretario de Relaciones Internacionales de la Confederación Nacional de Cooperativas de Trabajo (CNCT). Integró el directorio del INAES, fue tesorero de COOPERAR y representó al Mercosur en el comité ejecutivo de CICOPA, la organización internacional de cooperativas de producción y servicios.
En las últimas semanas su nombre volvió a las páginas de política después de ganar las elecciones internas en el Partido Justicialista de la localidad bonaerense de Lobería donde, con un discurso basado en la participación activa de los afiliados, logró duplicar los votos de las otras dos listas que se presentaron con el aval de La Cámpora y del Movimiento por el Derecho al Futuro.
En una fórmula que llevó a Rocío Arrighi Rodríguez como vicepresidenta y a Walter Tito Fernández como secretario General, la lista que encabezó Orbaiceta obtuvo el 45% de los votos de los afiliados al PJ de Lobería.
El histórico referente del cooperativismo argentino dialogó con Identidad y Cultura para recorrer su trayectoria política, analizar el camino de regresar a su Lobería natal y la decisión de disputar la conducción del Partido Justicialista local.
–¿Cuánto hace que milita en el peronismo de Lobería?
–Milito desde los 12 años en distintas vertientes, pero en el PJ de Lobería desde que volví, después de vivir 50 años en La Plata, a donde fui a estudiar en 1967 y ahí me quedé. Me recibí de ingeniero agrónomo después de muchos años porque siendo estudiante participé en la lucha de los ’70. Estuve en el exilio y cuando volví al país creamos una cooperativa a partir de una empresita que habíamos armado en la época de la dictadura. Antes del exilio milité en el Peronismo de Base y cuando volví, con los compañeros que quedamos, fuimos transitando cada uno por su lado en distintas experiencias del peronismo. Acompañamos al Grupo de los Ocho y creamos el Frente Grande; después el FrePaSo. Estuvimos en la Alianza, caímos con la Alianza y después nos levantamos. Cuando volví a Lobería me afilié al Partido Justicialista.
–¿Cómo fue el regreso al pago?
-Estuve 50 años afuera, pero a medida que pasó el tiempo me fui metiendo. Soy hijo de Lobería y cuando volví a la ciudad me integré a las expresiones sociales de la gente de mi edad. Fui presidente de la Asociación de Jubilados y Pensionados y desde ahí desarrollamos una acción cooperativa muy grande en el pueblo. En lugar de tener una institución para recaudar dinero y guardarlo en una caja, pusimos la institución al servicio de la comunidad. Trabajamos mucho, visualizando que cada vez hay más gente mayor, lo que implica que el rol de los mayores es cada vez más importante en la sociedad.
–¿Lo de ustedes sería algo así como un Consejo de sabios de la tribu?
-De las viejas tribus. Eso le decíamos a la sociedad. Estamos acá, tenemos un conocimiento acumulado, hemos construido esta comunidad, estamos al servicio de ustedes. Eso de alguna manera me dio un reconocimiento social, si bien ya me conocían, porque yo soy de Tamangueyú, una localidad que está a cinco kilómetros de Lobería.
Soy hijo de Lobería y cuando volví a la ciudad me integré a las expresiones sociales de la gente de mi edad.
–¿Cómo es Tamangueyú?
-Era una vieja colonia ferroviaria que tiene 400 habitantes. Ahí hay un empalme de vías. El tren que unía Buenos Aires con Necochea podía venir por dos vías, una más corta por Balcarce y Ayacucho que llegaba a Tamangueyú y de ahí hasta Necochea y una más larga que pasaba por Tandil. Esas dos vías se juntaban en esa población ferroviaria donde vivían unas 1.000 personas. Después hubo una demolición que empezó con las huelgas del ‘59 y el ‘61, algo de lo que todavía no se ha escrito suficiente, porque la destrucción del sistema ferroviario empezó con Arturo Frondizi, con el Plan CONINTES. Yo era chico y Clarín decía que mi papá era ladrón, porque “los ferroviarios robaban un millón de pesos por día”, que era la pérdida que sostenían que generaba el ferrocarril.

–¿El ferrocarril marcó su vida, como el cooperativismo?
-Hay algo que me marcó y que al día de hoy tengo presente. Antes de Onganía, la Unión Ferroviaria elegía sus representantes hasta llegar al Consejo Directivo mediante postulaciones. Los trabajadores se reunían en asambleas y postulaban a sus compañeros. Los comunistas a dos o tres, los socialistas a dos o tres, los radicales a dos o tres, los peronistas igual. Había 20 postulantes, se votaba por seccionales y también para la representación central. Entonces en la directiva de la Unión Ferroviaria estaba Lorenzo Pepe, que era peronista, estaba el gringo (Antonio) Scipione que era radical, había comunistas y también socialistas. Con Onganía se impuso un mecanismo de listas y pasamos de un sistema de colaboración, de cooperación y de elegir los mejores, a armar un sistema en donde imperan las roscas.
Si queremos tener una democracia de calidad, hay que trabajarla. Invertir en educar, buscar las mejores prácticas, como hacemos en el cooperativismo
La agrupación que encabeza José es la “12 de Marzo” y se llama así porque es el día del cumpleaños de Hugo Rodríguez, el último intendente peronista de Lobería, asesinado en 2013 junto a Héctor Álvarez, presidente de la Asociación Civil Taller Protegido.
Orbaiceta asegura que la muerte de Hugo Rodríguez generó un vacío y un trauma del que el peronismo local no logró recuperarse por mucho tiempo. “Con los años -dice- se dio algún trasvasamiento generacional y aparecen jóvenes tanto de La Cámpora como de orgánicas que eran ajenas al PJ, pero que tenían expresión en organizaciones provinciales o nacionales.
José cuestiona las prácticas propias de lo que denomina “unidades básicas no territoriales” en las que muchos afiliados se sienten “convidados de piedra” a los que se los quiere convencer después de haber resuelto todo arriba y entre pocos. «Si no lo logran, muchas veces empiezan a verse las peores prácticas de la política”, asegura.

–¿Cómo fue el camino que los llevó a decidir presentar una lista en las elecciones internas?
En septiembre la conducción del PJ nos convoca ampliamente, pero había un acuerdo de cúpula en la provincia de Buenos Aires que establecía que debían encabezar las listas los compañeros de las tres fuerzas que eran los renovadores, el MDF que acompaña a Kicillof y La Cámpora. Donde estaban las tres fuerzas, tenían que ponerse de acuerdo y donde había dos fuerzas, como en Lobería, ocuparían los puestos uno y dos mientras que el resto tenía que acompañar. Eso originó una reacción, salimos de esa asamblea y empezamos a dialogar.
–¿Esos acuerdos son inaceptables para alguien que viene del mundo cooperativo, lejos del verticalismo?
-Es totalmente contradictorio. Yo tímidamente empecé a plantear a los compañeros que así las cosas no podían funcionar. Les propuse mirar a San Manuel, un pueblo del partido de Lobería que tiene una cooperativa de servicios públicos que existe como comunidad. Tiene muchísimos años y ofrece mejor Internet, controla mejor el agua, tiene mejores servicios que Lobería. La comunidad de San Manuel construye en conjunto. Hay otra experiencia y otro modo de construcción, más allá de si gana el radicalismo o LLA.
Cuando se abrió la posibilidad de ir a una elección interna nosotros dijimos, ‘acá tenemos la oportunidad de hacer un ruido importante’, como había pedido Francisco
-¿Qué tiene de diferente la lista que encabezó?
–Somos una lista nueva, con la conducción de los abuelos y la decisión de construir desde las bases, con una concepción cooperativa. Sufrimos mucha presión para que hubiera una sola lista pero nos sentamos y fuimos a elecciones con una campaña ejemplar en la que nadie habló mal de nadie. Mientras las otras listas pusieron más énfasis en lo virtual, y en llegar a los afiliados a través de la prensa, las llamadas telefónicas y la tecnología, nosotros caminamos. No hicimos nada de redes y fuimos a caminar. Yo solo vi a 120 afiliados. Hablamos con la mitad del padrón, tomamos litros de mate.
–¿Se puede replicar en otros distritos esta idea de construcción horizontal?
-En Lobería somos 18.000 habitantes. Hay ciudades que son el doble y otras ciudades que serán 100 veces o 1.000 veces más grandes. Si hay determinación política de construir de manera diferente, podemos buscarle la vuelta. Si queremos tener una democracia de calidad, hay que trabajarla. Invertir en educar, buscar las mejores prácticas, como hacemos en el cooperativismo.
–¿Se podría decir que está traficando cooperativismo dentro del peronismo?
-Le dije a los compañeros: ”tenemos que ser la cooperativa de todos”. Cuando se abrió la posibilidad de ir a una elección interna nosotros dijimos, «acá tenemos la oportunidad de hacer un ruido importante», como había pedido Francisco. Empezamos por la alianza chiquita, de dos agrupaciones y decidimos hacer un acuerdo y ponerlo por escrito para que, si alguno no cumple con lo propuesto, se lo pueda denunciar públicamente.
–¿El PJ es solo una herramienta electoral?
-En la campaña expresamos que el Partido Justicialista es de los afiliados. Es simple, es una asociación de personas y si es una asociación de personas, no es un sello electoral. Lamentablemente se usa como sello electoral. De hecho está dormido hasta la hasta semanas antes de las elecciones y después se cierra. Lo han hecho todos. Para el modo de construcción cooperativa, en el centro tiene que estar el afiliado.
–¿Además de dar vuelta a esa lógica, también hay que pelear contra el desánimo generalizado que se ve en la sociedad?
-En este proceso electoral que hicimos sin agredirnos, sin herirnos y respetándonos, votó el 53% del padrón mientras que en Balcarce la participación fue del 19%. Nosotros sacamos el 45% de los votos y entre las otras dos sumaron el 50%. Ellos también llegaron a una parte de los afiliados y el mensaje de quienes votaron es que tratemos de trabajar juntos. Ese lío al final lo terminamos haciendo juntos y eso levantó la estima del afiliado justicialista. Tenemos que mejorar el diálogo con la sociedad. En Lobería tenemos un núcleo duro de tres mil y pico de votos en un distrito donde votan 10 mil personas. El radicalismo tiene otro tanto, y La Libertad Avanza como tercera fuerza le come al radicalismo. Estamos muy cerquita, pero necesitamos el voto de los independientes.
–¿Cuál es la tarea que se tienen que dar para lograr ese objetivo?
-Tenemos que trabajar, convertir al Partido de un sello a una organización constructora de comunidad. El partido en la comunidad organizada es el sello del justicialismo. No es fácil por los tiempos de la política y tenemos que resolverlo en apenas un año y moneda.
–A pesar de haber competido contra las listas de La Cámpora y el MDF, los medios lo siguen señalando como “de Kicillof”
-Nosotros no somos de Kicillof como hoy mi compañera de vida no es mía. No hay un municipio que se llame Kicillof. Se llama Lobería y el partido es el Partido Justicialista de Lobería que va a apoyar lo que se decida orgánicamente. Lo vamos a apoyar porque lo va a decidir una asamblea. Somos chiquitos, no movemos la aguja, no somos La Matanza, pero van a poder mirar el porcentaje y el grado de convencimiento de los compañeros. Nosotros tenemos que construir con el otro. Los compañeros cooperativistas de hace 100 o 75 años encontraron un modo de construir cooperativas, de construir empresas, de construir la democracia en la economía. Bueno, nosotros construimos la política, que es la vinculación entre los humanos para resolver en conjunto cómo construimos nuestra comunidad.
