Nunca más, Siempre más: Una medallita que denuncia y anuncia
Por Federico Berardi
Esa medalla no es una metáfora. Es una evidencia. Es la prueba de que ahí estuvo Jorge. De que la desaparición no es el final de la historia.

El 24 de marzo de 2026 no es una conmemoración más. Se cumplen cincuenta años exactos desde el golpe de Estado que abrió la noche más oscura de nuestra historia.
Esta semana leí una noticia de Córdoba: se confirmaron las identidades de 12 personas cuyos restos fueron recuperados en el predio donde funcionó el centro clandestino La Perla. Cuando vi la nota, me llamó la atención un apellido conocido. Le pregunté a un amigo cordobés, también por su edad, si era pariente suyo. Me dijo que no, pero ahí no terminó la conversación.
Me contó la historia de otra persona desaparecida que pasó por ese mismo lugar. Una medallita de la Virgen Niña que su esposa Graciela Geuna le había puesto al cuello a su marido Jorge antes de que se lo llevaran. Igual que la medallita que cuenta Carlos Gardel en su tango, cuando su mamá la puso en su cuna y él pedía que lo acompañe toda la vida.
Jorge tenía 22 años. Estudiaba abogacía, militaba en la Juventud Universitaria Peronista. Era de Villa Mercedes. Lo secuestraron, lo mataron y escondieron su cuerpo. Cincuenta años después, la tierra devolvió la medalla. Con el nombre de Graciela grabado. Con la fecha de su cumpleaños de 19 años.

Graciela escribió sobre esto. Recomiendo leerla en primera persona. Uno tiene que acercarse con respeto y no agregar palabras donde ella ya dijo todo. (La medalla que te está devolviendo Página|12)
Lo que sí quiero decir es esto: esa medalla no es una metáfora. Es una evidencia. Es la prueba de que ahí estuvo Jorge. De que la desaparición no es el final de la historia. De que cincuenta años después los seguimos buscando, y los estamos encontrando.
Mi amigo cordobés me compartió también el mensaje que acaba de publicar la Conferencia Episcopal Argentina por el aniversario del golpe cívico-militar. Entiendo que él participó de su elaboración, aunque no se lo pregunté. No tengo certezas, pero tampoco dudas que puso la pluma de su propia historia en esas líneas.
El documento es el Nro. 30/2026 del episcopado y se llama Nunca Más, Siempre Más (Conferencia Episcopal Argentina – 2025). Y creo que esa fórmula nombra bien lo que necesitamos escuchar en los tiempos que corren en la Argentina. Como las dos caras de una medallita, también el profeta tiene una doble misión: denuncia y anuncia. El 24 de marzo exige las dos cosas.

La denuncia: No hay forma de hablar de esto sin decirlo con todas las letras. El terrorismo de Estado fue un crimen. No fue una guerra. De ambos lados hubo violencia en el período previo — y la política del peronismo tiene que reconocer sus propios errores de esa época, la arrogancia ante la conducción del General Perón en vida, la violencia, la crisis institucional. Es esclarecedor y, sobre todo, tiene autoridad política y humana en estos temas el libro “Conocer a Perón” de Juan M. Abal Medina)— pero eso no equivale ni remotamente a lo que vino después. En uno de los lados, las víctimas lo fueron desde el aparato del Estado. Eso tiene nombre: terrorismo de Estado. Y hay que decirlo sin ambigüedad.
Pero también hay que decir algo más. Fue la orquestación de un plan económico. Porque detrás de cada uniforme había una corbata. Detrás de cada torturador había un tecnócrata de oficina firmando decretos. Martínez de Hoz. Los hermanos Alemán. Zorreguieta. No usaban picanas: usaban plumas. Buscaban salvar la patria, decían. Y se llenaban los bolsillos con propiedades y bienes de la gente. Porque antes de ser militar fue cívico.
Está bien echarle la culpa al que gatilló. Pero el que dio la orden desde el escritorio también tiene que responder. Y hay quienes todavía circulan, camuflados en empresas, siendo consultados como si nada. La dictadura destruyó un tejido social, productivo y comunitario. Eso tampoco se olvida porque el presente lo hace vigente.
El anuncio: La memoria del 24 de marzo no es patrimonio exclusivo de nadie, porque es de todos. Es un bien de la comunidad nacional. Incluye a los trabajadores de la CGT desaparecidos (El primer desparecido fue Felipe Vallese de 21 años, delegado de la UOM) a los estudiantes, a los militantes peronistas, a los religiosos, a las familias de clase media, a gente común. A Jorge Cazorla, de 22 años, con su medalla y su futuro arrancado. Ese relato no pertenece a ningún partido: le pertenece a su familia primero y a todos los argentinos después.

El mensaje tiene una cita fundamental del Papa Francisco en Fratelli Tutti anclada en la amistad social para lo que es la denuncia y también el anuncio: “Construir la amistad social no solo exige el acercamiento entre grupos que tomaron posiciones diferentes en algún período histórico difícil, sino también un renovado encuentro con los sectores más empobrecidos y vulnerables de la sociedad… Un compromiso incansable para reconocer, proteger y restaurar concretamente la dignidad, tan a menudo olvidada o ignorada, de nuestros hermanos y hermanas, para que puedan verse como los principales protagonistas del destino de su Nación” (Fratelli Tutti 233)
Los derechos son los de 1983. Y son también el derecho a trabajar, a que la familia llegue a fin de mes, a que los niños y adolescentes tengan futuro. La democracia se mide por eso también. Y cuando deja gente afuera, cuando no garantiza trabajo digno, cuando no cuida a los más frágiles, está traicionando lo que prometió. Eso está ocurriendo.
Por eso tenemos el mandato ético y patriótico de construir una plataforma programática del presente que nos amplíe el horizonte. Un proyecto transformador que debe poner su foco en el trabajo y la producción nacional. Pero que antes también tiene que hacer memoria, reconocer sus errores, pedir perdón y solo -solo- así poder enunciar futuro desde el movimiento nacional.
Hacia el horizonte “nunca se avanza sin memoria”. La memoria auténtica no es solamente un ritual. Es el piso desde donde se construye. Hoy recordamos para que no vuelva a pasar. Pero también recordamos para saber qué queremos construir. La dignidad de cada uno de los 30.000 detenidos y desaparecidos no se honra solo con la denuncia. Se honra también con el anuncio: una Argentina donde nadie sobre, donde el pueblo tenga futuro. Y habrá que estar a la altura para defender con el cuerpo lo que se dice con las palabras. Menos politización, más cultura política.

La fe y la historia nos dan las raíces. La esperanza y el futuro nos dan las alas. Esa fe y esa esperanza que atesoro la medallita de la Virgen Niña. Esa medallita, representa las raíces y las alas, historia sagrada que se hizo presente para prometer futuro.

