Osvaldo Soriano en su propia voz

Repasamos fragmentos de su obra y los recuerdos sobre su vida, a 29 años de la partida del gran escritor argentino.

Enero es siempre un mes para recordar a Osvaldo Soriano. Nació, como el mismo diría, circunstancialmente por el trabajo de su padre, en la ciudad de Mar del Plata, el 6 de enero de 1943. Murió tempranamente en Buenos Aires el 29 de ese mes, en 1997.

Traspasó la frontera nacional con innumerables traducciones y hasta contó con algunas adaptaciones de sus libros en el cine. El escritor español Arturo Pérez-Reverte dijo una vez que, si se quiere comprender la Argentina, uno de los autores a quien hay que leer es a Osvaldo Soriano.

«Aquí no se discute: se pelea.” (No habrá más penas ni olvido)

Además de Mar del Plata, vivió su infancia en Tandil y luego en San Luis, Río Cuarto, y Cipolletti. Durante su adolescencia, abandonó los estudios secundarios y se dedicó a trabajar embalando manzanas y, más tarde, como empleado de una metalúrgica.

“Yo viví en Cipolletti, y de hecho un poco mi origen es ése, porque fue el fin de mi infancia y la adolescencia. En su momento el valle era un lugar muy desierto y muy… no había librerías, por ejemplo. Eran lugares muy pequeños, no eran los conglomerados que son ahora”, recordaría en una entrevista.

“El miedo también organiza el país.” (Cuarteles de invierno)

Decía que tuvo un “inicio tardío” en la vocación literaria: había comenzado a leer después de los veinte años. Horacio Quiroga, Edgar Allan Poe y Guy de Maupassant fueron algunos de sus primeros maestros y con quienes sintió “el impacto de estos grandes cuentistas del realismo”.

“La historia es una sucesión de derrotas mal contadas.” (A sus plantas rendido un león)

Comenzó a escribir en medios de comunicación, como en el diario El Eco de Tandil, donde escribía en la sección de deportes y columnas sobre personajes famosos de la época. Luego, también escribió para Primera Plana y el diario La Opinión.

En 1973, llegó su primera novela Triste, solitario y final, la cual logró un gran éxito de críticas y ventas. Allí, Stan Laurel, el actor ganador del Oscar que protagonizó junto con Oliver Hardy la famosa serie El Gordo y el Flaco, cree que, con sus 75 años, ha llegado el fin de su carrera como cómico.

Un año más tarde, escribió junto a Aída Bortnik, el guion de la película Una mujer, filmada en 1975. Tras el golpe militar de 1976, se exilió en México, Bruselas y Francia, y no regresó hasta 1984, con el gobierno democrático de Raúl Alfonsín. En Bruselas había conocido a Catherine Brucher, una enfermera de Estrasburgo con quien contrajo matrimonio en 1978.

“Nadie sabe qué hace acá, pero todos siguen.” (Una sombra ya pronto serás)

En 1980 había publicado Cuarteles de invierno. En Italia, fue considerada la mejor novela extranjera de ese año. Y, en 1984, su emblemática novela anterior No habrá más penas ni olvido se adaptó para la gran pantalla: un film dirigido por Héctor Olivera, el cual fue ganador del premio Oso de Plata. ​Cuarteles de invierno, por su parte, también fue llevada al cine. Esta vez, de la mano del director Lautaro Murúa.

Ya nuevamente en la Argentina, en 1984, se publicó Artistas, locos y criminales: una recopilación de sus artículos que escribió para el diario La Opinión, en los setenta. Fue durante el inicio de esta década que sus libros comenzaron a estar entre los más vendidos del país. Ese éxito constante llevó a la editorial Norma a pagarle 500.000 dólares por los derechos de su obra.

“En este país hasta los detectives se quedan sin pistas.” (Triste, solitario y final)

Paralelamente, continuaba escribiendo textos de no ficción: en 1987, formó parte de la redacción original del diario Página/12, donde escribió hasta su muerte, el 29 de enero de 1997, afectado por un cáncer de pulmón.

Fuentes: cultura.gob.ar y Canal a

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